B) ORDENACIÓN DE HOMBRES CASADOS.
El problema de su posibilidad o conveniencia ha
sido examinado en un doble aspecto:
1) Necesidad, valor y significado actual de tales
ordenaciones: a) La han pedido como solución válida algunos
padres (sinodales), al menos para los países donde
escasean sacerdotes que puedan predicar y administrar los
sacramentos; además de remediar la escasez de vocaciones, la
unión de matrimonio y sacerdocio mostrará al mundo valores
nuevos, una nueva forma de presencia de Cristo en el mundo,
y la expresión de aquella consagración con que el cristiano
eleva todas las cosas mundanas y temporales. Así mismo el
sacerdocio célibe, voluntariamente preferido, adquiriría un
más alto valor de signo; b) Frente a tales motivos, un grupo
más numeroso de padres mantiene que, por exigencias de la
predicación y de la administración de sacramentos, puede
concederse (sin derogar por ello la ley general del
celibato obligatorio) la ordenación de hombres casados a
las Iglesias locales que lo pidan, con algunas condiciones, a
título de excepción y a juicio de la Santa Sede, c) Otros
padres también, aun admitiendo la validez de los motivos, no
creen oportuno conceder, por el momento, tales facultades.
2) En la discusión ha salido a relucir también que
— especialmente por motivos históricos y
psicológicos y teniendo presente el modo con que se trata tal
problema hoy dentro y fuera de la Iglesia, a
través de los instrumentos de la opinión pública—
de hecho la concesión sería recibida como un primer paso que
inevitablemente abriría el camino a otras concesiones, hasta la
abolición de la misma ley.
3) La mayor parte de los padres sostienen que la ordenación
de hombres casados no solamente no resolvería los problemas
fundamentales, sino que surgirían otros más graves,
particularmente por la menor movilidad de este tipo de presbíteros
y por su menor libertad y capacidad misionera a
causa de la complejidad de la vida familiar en el aspecto
psicológico, sociológico y económico. Se crearían, además un
clero de primera categoría y otro de segunda. Pero, el motivo
más serio para rechazar la propuesta es por las graves
consecuencias en Ion sacerdotes de hoy, en los seminaristas e
incluso en las futuras vocaciones que —sin un alto ideal
de entrega total acabarían por disminuir
considerablemente. La Iglesia vería menguada su propia
movilidad y el ímpetu misionero perdería su fuerza de fiel
resistencia, especialmente en los países donde es perseguida la
fe, como atestiguan las importantes declaraciones de los
padres venidos de aquellas regiones. Según otros, también
motivos de orden económico deberían aconsejar no la
abolición, sino el mantenimiento de este valor que falta en
otras Iglesias. La penuria de vocaciones, además de que se
reciente, también demuestra que el celibato no es la causa
principal; la historia, asimismo, confirma que el celibato es
posible sólo en un contexto social y comunitario que lo
favorezca.
4) La mayoría de los padres no desea que se
conceda a las Iglesias locales la posibilidad de admitir para el sacerdocio a
hombres casados, porque —por la vecindad geográfica,
o por la semejanza de problemas— esta concesión
sería como una forma de coacción moral hacia las otras
Iglesias y conduciría a la abolición del celibato. No pocas de
las otras funciones por las que se pide la ordenación de tales
sacerdotes podrían confiarse a los seglares, a los religiosos y a
las religiosas, integrándolos más plenamente en la acción
misionera de la Iglesia, creando también, ojalá, nuevos ministerios, sin hablar
de la ordenación de diáconos casados, según la ley vigente".
C) Circunstancias históricas del celibato.
1) Algunos padres afirman que el celibato se ha hecho hoy
más difícil por las transformaciones actuales del mundo,
especialmente en el plano antropológico y sociológico
(importancia de la sexualidad, el cambio de
relaciones entre los sexos, la tarea creadora, el
culto exagerado de la libertad, etc.). Otros cambios en el seno de la Iglesia y la
revalorización de otras formas auténticas de vida cristiana
hacen que se presente más complicado el problema, obligando
a considerarlo con ojos nuevos. En este nuevo contexto
cultural y religioso, sin embargo, el celibato puede aparecer
también bajo una luz nueva y bajo un esplendor renovado
como expresión legítima y actual de una vocación personal al
amor de Dios, de libertad absoluta al servicio de Dios y del
prójimo, de renuncia a toda esclavitud, de radical contestación
contra la sociedad actual de consumo y su atmósfera asfixiante
de hedonismo y de sexualidad.
2) Para que el celibato pueda hacer y desarrollarse como
señal válida ante la Iglesia y ante el mundo son indispensables
algunas condiciones humanas, eclesiales y espirituales:
pobreza evangélica, hermandad, espíritu de servicio, alegría,
esperanza, desprecio de los honores, vigilancia constante, esfuerzo ascético continuado.
D) Otros problemas relacionados con el celibato.
1) Readmisión al ministerio. Todos los padres que han
tratado este punto se han manifestado contrarios
a que aquéllos que, por cualquier motivo, han
sido reducidos al estado laical sean readmitidos a
las funciones sacerdotales.
2) Conducta hacia los sacerdotes secularizados.
Algunos proponen que el problema se estudie
más a fondo, insistiendo en que tales sacerdotes
sean tratados con mayor justicia y caridad,
reconociéndoles aquellos deberes y aquellos
cometidos comunes a los demás fieles. Algunos
piden que el proceso de secularización se
simplifique y se haga más humano; unos pocos,
finalmente, desean que tal proceso sea
completado por medio de las curias episcopales.
3) Relaciones entre las Iglesias locales y la Santa Sede.
Frecuentemente se ha oído hablar de
subsidiariedad y colegialidad pero con
conclusiones diversas o contrarias; sin embargo,
respecto al celibato, casi todos los padres opinan
que la decisión no debe ser dejada únicamente a
las Conferencias Episcopales.
4) Iglesias Católicas de rito oriental.
Tienen sus tradiciones que pueden
enseñar algo a la Iglesia latina.
E) Previsiones para el futuro.
La discusión sobre celibato ha hecho surgir
también otros problemas.
1) La posibilidad de una exigencia renovada de integrar a los
laicos en la misión total de la Iglesia, atribuyéndoles funciones
también acaso de naturaleza ministerial. 2) Posibilidad y
necesidad de versificar los ministerios y de introducir algunos
nuevos, teniendo, sin embargo, presente la necesaria unidad de
todos los ministerios en la Iglesia y la necesaria relación en el
mismo ministerio, de las diversas funcionan (Por ejemplo,
la función profética, cultural y pastoral en el
ministerio sacerdotal). 3) Una nueva forma de
presencia en el mundo exige que el ministerio apostólico esté
caracterizado en mayor escala por el espíritu misionero, por
una mayor sensibilidad, disponibilidad, libertad.
En tal contexto se entiende el celibato,
cuya observancia debe ser facilitada por ciertas condiciones de
vida eclesial e individual (forma evangélica de
ejercicio de autoridad de la Iglesia, relaciones
fraternales con el obispo, corresponsabilidad
efectiva, inserción real de todo sacerdote en los
trabajos del presbiterio, vida ascética y
espiritual!).
4) Relaciones entre la dimensión profético-misionera y
cultural-sacramental en el sacerdote, es decir, entre la
proclamación de la palabra de Dios en todas sus formas y la
celebración de los sacramentos. Mientras se afirma que la
crisis de identidad del sacerdocio es debida a haberlo reducido
exclusivamente al culto, sería contradictorio exponer una
nueva forma de vida sacerdotal que, con motivo de los
compromisos profesionales o familiares, lo redujese de nuevo
solamente a la celebración de la Eucaristía y a la
administración de los sacramentos. Esto no correspondería a
las exigencias actuales.
5) Es necesario estudiar la adaptación de las estructuras
eclesiales (parroquias, comunidades de base, etc.)
para mejor insertar la Iglesia en el mundo de hoy. La historia
enseña, y a todo nuevo tipo de sociedad y de comunidad ha
sido necesario adaptar una nueva forma de ministerio, con una
nueva matización de las funciones del mismo".