Re: La NUEVA MISA, por Louis Salleron
Publié : sam. 28 déc. 2019 16:47
Pero llegamos ahora a la frase más extraordinaria de este asunto rocambolesco.
El Courrier de Rome cuenta que un cura, como ya no comprendía nada sobre las diferencias y las contradicciones existentes entre el texto latino y el texto francés (ya que sólo extraemos lo esencial), escribió al P. Cellier, director del Centro Nacional de Pastoral Litúrgica (C.N.P.L.) para tranquilizarse. Recibió la siguiente respuesta del abate Jounel, "del Consilium litúrgico":
“El Sr. Cellier, director del C.N.P.L. acaba de transmitirme sus observaciones relativas a la traducción de la Constitución apostólica «Missale Romanum», y le brindo gustoso las explicaciones que solicita.
“Como casi todos los documentos sometidos a la firma del papa, esa Constitución se redactó en lengua viva. Sobre el texto inicial el Sumo Pontífice agrega las correcciones que juzga necesarias antes de dar su aprobación. Luego el texto se entrega a la sección de letras latinas. Desgraciadamente los matices de la primera redacción no siempre se dan con fidelidad y a veces nos hallamos ante divergencias notables. Muchas encíclicas recientes, en particular Mater et Magistra de Juan XXIII, no resultan del todo comprensibles en latín: las traducciones italiana y francesa, no oficiales, traducen mejor el pensamiento del papa (...) Volviendo al texto francés publicado por el C.N.P.L., puedo afirmarle que traduce con la mayor fidelidad la versión original del documento. Pero le agradezco sus muy justas observaciones, Dado que puede plantearse alguna duda muy legítima sobre la intención del legislador, resultará fácil invitar a éste para que precise el alcance de la obligación del nuevo Ordo Missae, ya sea en un documento ulterior, ya bajo la forma de una respuesta oficial a un dubium, según una tradicional modalidad de la Curia romana”.
¡Y eso es todo!
Rindamos, al menos, homenaje el abate Jounel en un punto: es franco como el oro. Pero esa misma franqueza, que procede evidentemente de su buena índole, le hace enunciar con toda tranquilidad proposiciones cuyo carácter monumental, inaudito, monstruoso, parece escapársele completamente.
En todas las sociedades organizadas hay un texto oficial, nada más que uno, y ése es el único al que hay que dar fe.
En la Iglesia el texto oficial se redacta en latín. El texto latino es el único que cuenta.
Paulo VI lo recordó recientemente. El 26 de noviembre de 1969, confirmando (¡por desgracia!) el "sacrificio" de la lengua latina en beneficio de las lenguas vivas en la liturgia trastrocada, agregó: "Con ello el latín no desaparecerá de nuestra Iglesia: seguirá siendo la noble lengua de los actos oficiales de la Sede Apostólica".
En lo que concierne a la Constitución apostólica Missale Romanum, está, pues, el texto latino, y no hay ninguno más.
El abate Jounel escribe: "Puedo afirmarle que el texto francés traduce con la mayor fidelidad la versión original del documento". ¡Pero sólo hay una versión original: la versión latina! ¡Todo lo demás es proyecto, esbozo, borrador, cualquier cosa, salvo versión original!
"Puedo afirmarle", dice el abate Jounel. Pero el abate Jounel no puede afirmar más que una cosa, o sea, que él o sus amigos, ha escrito o han escrito un proyecto de Constitución en francés o en italiano, y que ese proyecto fue modificado.
¿Modificado por quién? Por los traductores de la sección de letras latinas, dice el abate Jounel. Según él, en el proyecto en lengua vulgar, que él llama "versión original", el Sumo Pontífice agrega las correcciones que juzga necesarias. Pero ¿qué sabe de esa versión? ¿O qué sabe de los resultados? Si se supone que sobre su borrador en italiano o en francés el papa agregó correcciones cuyo texto haya sido entregado a la sección de letras latinas ¿por qué el papa no revisaría luego el texto en latín elaborado por la sección de letras latinas? Y suponiendo también que el papa no relea el texto latino antes de firmarlo (lo cual sería pasmoso), ¿por qué no confiaría en la sección de letras latinas para que ordenara definitivamente el texto revisado por él en lengua vulgar?
Por lo demás, sean cuales fueren las hipótesis que podamos enunciar sobre los métodos de trabajo del Vaticano, hay un hecho que subsiste: el único fidedigno es el texto latino.
Aunque haya "matices" o "divergencias", o "contradicciones" entre el texto en latín y un borrador en italiano o en francés, el único que cuenta es el texto en latín, y ese solo.
Cuando el autor del borrador declara "puedo afirmar" (que mi texto era diferente), su afirmación se refiere a su texto y no al texto oficial.
Y cuando los traductores del texto latino al francés o al italiano retoman el texto del borrador para corregir el texto latino según su propio pensamiento y su propio vocabulario, traicionan el texto oficial, ya se trate de "matices", de "divergencias" o de "contradicciones".
Queda por decir que el abate Jounel reconoce que "una duda muy legítima" pesa sobre la intención del legislador en lo que respecta a la obligación del nuevo Ordo Missae.
La duda, en verdad, proviene de elementos múltiples además de aquellos a que se refiere en su carta. Señalemos solamente:
—las puntualizaciones de Paulo VI en su alocución del 26 de noviembre de 1969;
—la fórmula del anteúltimo párrafo de la Constitución Missale Romanum de donde resulta que solamente se prescriben la adición a la misa de tres cánones nuevos y la nueva fórmula de la consagración, que debe ser la misma, cualquiera que fuere el canon usado en el nuevo ritual;
—el hecho de que no ha sido revocado el privilegio perpetuo acordado por Pío V para decir la misa según el rito por él promulgado.
A CONTINUACIÓN... II. LA INSTRUCCIÓN DEL 20 DE OCTUBRE DE 1969





